Patatas Bravas con Salsa Brava Auténtica | Sin Tomate ni Kétchup

Patatas bravas con la salsa brava madrileña tradicional
Aprende a preparar unas patatas bravas auténticas al estilo Madrid, con la salsa brava original sin tomate ni kétchup, crujientes por fuera y tiernas por dentro. Una receta fácil y casera con el sabor de los bares de siempre.
Quiero ofreceros mi versión sobre la popular receta de las patatas bravas. Cada día se cocinan en España miles de raciones de este rico entrante como este y compite con otras tapas clásicas como la tortilla de patatas, la ensaladilla rusa o las croquetas.
Una vez que veáis la ejecución de la receta paso a paso, os ofreceré una pequeña descripción de la historia de esta receta que personalmente disfruto cada vez que puedo. También puedes dejarme un comentario en el que me cuentes como las haces tu y sobre todo, valora la receta que te ofrezco y si te gusta recomiéndola a tus amigos…

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Cómo hacer patatas bravas con la salsa auténtica paso a paso (Sin Tomate)
Ingredientes
- 200 g de pollo
- 50 g de puerro
- 50 g de Zanahoria
- 1 pastilla de caldo de carne concentrado
- 15 g de sal
- 2 l de agua
- 20 g de aceite de oliva virgen extra
- 40 g de ajo
- 50 g de cebolla
- 5 g de pimentón dulce
- 10 g de pimentón picante
- 25 g de harina
- 1 kg de patatas
- Aceite para freír las patatas
Utensilios
- 1 Olla a presión para hacer el caldo
- 1 olla para hacer la salsa
- 1 freidora para freír las patatas
Receta paso a paso
- Preparamos el caldo para la salsaVamos a hacer el caldo en la olla a presión, para ello ponemos dos litros de agua y añadimos el pollo, el puerro, la zanahoria y la sal.Cerramos la olla y una vez que ha subido la válvula y sale vapor, ajustamos el fuego para siga así durante 35 minutos. Dejamos despresurizar la olla y colamos el caldo en una jarra.

- Preparamos la salsa bravaPonemos aceite en una cazuela y añadimos troceados el ajo y la cebolla. Vamos a dejar que se sofría hasta dorar y entonces añadimos el pimentón, rehogamos unos segundos y ponemos la harina. Hay que remover la harina hasta que ya no se ve y entonces la cocinamos un par de minutos antes de añadir el caldo.Yo le he puesto más de medio litro, removemos con unas varillas con un movimiento enérgico para romper los grumos durante un par de minutos y entonces trituramos la salsa con la batidora de mano. Cocinaremos la salsa unos minutos más hasta ver que conseguimos una textura densa.Como nos ha sobrado caldo, puedes añadir si se queda muy espesa o cocinar con fuego más vivo para reducir la salsa si te ha quedado líquida.

- Preparamos las patatasPelamos, limpiamos y cortamos las patatas en trozos algo gruesos pero no grandes ya que costaría mucho más freírlas.Debemos empezar a freír con fuego moderado, lo justo que vemos que fríe y las tenemos así hasta que están hechas. En este momento sacamos las patatas del aceite y ponemos el fuego al máximo. Cuando el aceite alcanza una buena temperatura, volvemos a introducir las patatas y veremos que fríe con mucha más fuerza que antes y esto nos permitirá dorar las patatas y ponerlas crujientes por fuera y blandas por dentro.

- Aliñamos y servimos las patatasEscurrimos bien las patatas y las pondremos en una fuente, rociamos con salsa a nuestro gusto y si quieres puedes poner un poco de mayonesa en una parte de la fuente. Te recomiendo probar de las dos formas, a mi me gustan ambas pero reconozco que sin mayonesa están muy ricas y son mucho más ligeras de calorías.

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¡Cuéntanos qué tal te quedó!El origen de las patatas bravas con la salsa brava auténtica
Información recogida en la IA de Google
Aunque hoy en día es una de las tapas más universales de la gastronomía española, las patatas bravas con la salsa brava auténtica, tienen su partida de nacimiento en el Madrid de mediados del siglo XX. Como suele ocurrir con los grandes clásicos populares, su origen exacto está rodeado de leyenda urbana, rivalidades hosteleras y un debate culinario que dura hasta nuestros días.
Datos históricos de la salsa brava original de Madrid
La versión histórica más sólida sitúa el nacimiento de este plato alrededor de 1949 en una taberna de estilo montañés llamada La Casona, ubicada en la calle Echegaray. Su dueño, Joaquín Villegas, empezó a servir unas patatas fritas con una salsa picante que bautizó inicialmente como «patatas a la casona».
Sin embargo, el ingenio popular madrileño es impredecible. La clientela comenzó a llamar al invento «patatas bravas» por la valentía (la bravura) que hacía falta para aguantar el toque picante de la salsa. El nuevo nombre fue tan potente que eclipsó al original y se extendió como la pólvora.
Poco después, durante la década de los 50 y 60, otros dos locales madrileños se sumaron a la fiebre de las bravas y se disputaron su autoría durante décadas:
Casa Pellico (ya desaparecido), cuyas colas daban la vuelta a la manzana solo para probar su ración.
Las Bravas, un local del mítico Callejón del Gato que acabó registrando y patentando su propia versión de la salsa en 1960.
Tanto fue el impacto de esta humilde receta que la primera mención escrita de la tapa aparece en el célebre libro Vivir en Madrid (1967) del periodista Luis Carandell, donde ya se hablaba de las patatas bravas como el acompañamiento imprescindible de las barras de la capital. Incluso en 2008, la mismísima ONU (Organización de las Naciones Unidas) reconoció oficialmente las patatas bravas como un plato típico y genuinamente español en un compendio sobre la historia mundial del tubérculo.
¿Por qué las patatas bravas con la salsa auténtica NO llevan tomate?
Si le preguntas a cualquier purista de la cocina madrileña tradicional, la respuesta será tajante: la salsa brava auténtica de bar jamás ha llevado tomate, ni kétchup, ni kétchup con tabasco. El uso del tomate es un «atajo» moderno que adoptaron muchos bares de fuera de Madrid para simplificar la receta o suavizar el picante, pero dista mucho de la esencia original.
¿Cómo se consigue entonces ese color y espesor tan característicos?
La magia de las patatas con la salsa auténtica tradicional reside en la técnica y en el producto:
La base (Un Roux): El espesor no se consigue reduciendo tomate, sino cocinando harina en un buen aceite de oliva, creando un roux idéntico al que se utiliza para hacer una velouté o una bechamel.
El color y el sabor (El Pimentón): El característico tono rojizo y su profundidad aromática provienen exclusivamente de una combinación maestra de pimentón dulce y pimentón picante.
El cuerpo (El Caldo): En lugar de agua, los taberneros de Madrid ligaban este sofrito utilizando un buen caldo de cocido madrileño o un fondo rico en jamón y carne. Esto le aporta una potencia de sabor que el tomate jamás puede replicar.
Al final, lo que obtenemos es una emulsión sedosa, profundamente sabrosa, con un picante elegante aportado por la guindilla o cayena, que abraza a la patata sin enmascarar su textura crujiente.
Preguntas FAQ más frecuentes
¿Las patatas bravas de bar de Madrid llevan tomate? No, la receta original de Madrid no contiene tomate ni kétchup. Su base es un sofrito de harina con pimentón y caldo.
¿Cómo se espesa la salsa brava original sin tomate? Se espesa utilizando harina cocinada en aceite (un roux), de forma similar a una velouté.
¿Se pueden congelar las patatas bravas con la salsa auténtica? La salsa brava se puede congelar perfectamente, pero las patatas fritas pierden su textura crujiente, por lo que se recomienda consumirlas al momento.
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